viernes, 4 de noviembre de 2016

Se termina mi tiempo, comienza el tuyo. Tal vez sea por eso que no nos entendemos cuando hablamos a través de nuestros sentimientos. No te culpo. Tú no sabes nada de la muerte ni de sus continuas visitas a mi casa. Tú sólo sabes de vida, de esperanza. Y estoy seguro que por ello tu dios sabrá premiarte con lo que esperas, y a mí, por blasfemo, por sacrílego, sólo me dará el recuerdo de tu olvido, la ausencia de tu presencia. 

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