Digamos que lo que noto es una excesiva banalización de la imagen, del recuerdo. En un tiempo en que la fotografía se ha acercado a las masas, hasta el instante más insignificante se vuelve eterno. Preferiría vivir en un tiempo arcaico, olvidado, ése en que la mente gozaba de gran importancia y los momentos insignificantes se borraban de inmediato de la memoria.
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