Por fin lo consigo: me olvido de todos y de todo; hasta de mí mismo. No carece de cierto interés y agrado el entregarse a la voluptuosidad de una amnesia inducida.
Si el archivo histórico personal de un hombre se conforma de recuerdos, entonces no habrá mejor manera de librarse del pasado que anestesiando su memoria para, al final, despojarla de la vida con los irremediables hálitos de la muerte.
En esto, dirán muchos, se halla el verdadero sentido de la necrofilia, pues el amor a la muerte no es otra cosa más que la inevitable consecuencia del amor a la vida. Con ello entiéndase que todo aquél que ha vivido y muerto en aras del amor y de la propia vida, no ha hecho más que darle sentido a la muerte y a la profunda y sempiterna inconsciencia de una soledad inagotable que buscó llenar con el vacío de su ausencia infinita.
Si el archivo histórico personal de un hombre se conforma de recuerdos, entonces no habrá mejor manera de librarse del pasado que anestesiando su memoria para, al final, despojarla de la vida con los irremediables hálitos de la muerte.
En esto, dirán muchos, se halla el verdadero sentido de la necrofilia, pues el amor a la muerte no es otra cosa más que la inevitable consecuencia del amor a la vida. Con ello entiéndase que todo aquél que ha vivido y muerto en aras del amor y de la propia vida, no ha hecho más que darle sentido a la muerte y a la profunda y sempiterna inconsciencia de una soledad inagotable que buscó llenar con el vacío de su ausencia infinita.
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