He notado la existencia de ciertos individuos iluminados que ignoran por completo que cuando escriben o dicen lo que piensan o sienten hacen poesía. Hay otros, por el contrario, inflamados de arrogancia y revestidos con un orgullo tal que no les hace ver que de poetas solamente tienen el nombre. Son ellos de quienes proviene la vana palabra y el hedor que contamina el ambiente sonoro de la lengua que enamora. Sería justo, pienso, que aquellos de quienes la lírica ha hecho sus aliados escriban más sobre sus ideas y sentimientos, para que, actuando de este modo, logren contrarrestar la inolvidable máxima Bukowskiana puesta con inteligente blasfemia en los labios de Dios: "Veo que he creado muchos poetas pero no tanta poesía."
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