Saber capturar el tiempo, hacerlo prisionero entre celdas de luz y oscuridad. Así, cuando la memoria nos falle será fácil regresar a nuestro pasado: como dos chiquillos que juegan a buscarse en los rincones del alma, como dos adultos que necesitan recordarse en sí mismos. Yo, fotógrafo, escritor de luz y sombras, el que da claridad a las tinieblas del olvido. Tú, tiempo, quien se lleva nuestra vida, quien no perdona el paso de los días. En algún momento acudiré a las perennes imágenes hijas del momento, y así también lo harás tú, cuando en la vida de nosotros dos no quede más que nuestro nombre entre las cenizas del recuerdo.
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