domingo, 30 de octubre de 2016

Alguna vez fuiste tiempo, vida, felicidad. Y a pesar de tu ausencia, mientras hurgo en los viejos cajones de mis olvidos remotos, te reencuentro siempre eterna, presente, tal y como me lo contaron tus ojos, así como una vez me dijiste que te volvería a ver cuando ya no estuvieras más aquí. Porque esa es la ley de tu momento, aunque hoy en mi realidad no seas más que frágil, tenue y volátil. Pero sé que tarde o temprano llegará nuestra hora, nuestro año solar, ese día en que sin miedos, sin dudas, alarguemos nuestra existencia con un par de miradas, mientras la profunda marca que provocan nuestras manos sobre nuestros cuerpos nos indica el camino para volvernos a encontrar.

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