Siempre amé con rabia los momentos de tu rostro, ese sublime vaivén entre la alegría y la infelicidad, entre la ternura y la ira. Pues tú bien sabes que me deleitaba viajar a tu lado, cabalgando sin tiempo sobre las facciones de tu alma. Mas tú nunca entendiste de lo que te hablaba, de cómo tu cara mutaba y perdía constantemente su punto de equilibrio. Era por eso y no por otra cosa que me encantaba hacerte feliz, hacerte rabiar, esperando a cada instante ser el genuino dueño de los diversos tiempos que de tu rostro aún conservo en mi mente.
domingo, 30 de octubre de 2016
Alguna vez fuiste tiempo, vida, felicidad. Y a pesar de tu ausencia, mientras hurgo en los viejos cajones de mis olvidos remotos, te reencuentro siempre eterna, presente, tal y como me lo contaron tus ojos, así como una vez me dijiste que te volvería a ver cuando ya no estuvieras más aquí. Porque esa es la ley de tu momento, aunque hoy en mi realidad no seas más que frágil, tenue y volátil. Pero sé que tarde o temprano llegará nuestra hora, nuestro año solar, ese día en que sin miedos, sin dudas, alarguemos nuestra existencia con un par de miradas, mientras la profunda marca que provocan nuestras manos sobre nuestros cuerpos nos indica el camino para volvernos a encontrar.
Saber capturar el tiempo, hacerlo prisionero entre celdas de luz y oscuridad. Así, cuando la memoria nos falle será fácil regresar a nuestro pasado: como dos chiquillos que juegan a buscarse en los rincones del alma, como dos adultos que necesitan recordarse en sí mismos. Yo, fotógrafo, escritor de luz y sombras, el que da claridad a las tinieblas del olvido. Tú, tiempo, quien se lleva nuestra vida, quien no perdona el paso de los días. En algún momento acudiré a las perennes imágenes hijas del momento, y así también lo harás tú, cuando en la vida de nosotros dos no quede más que nuestro nombre entre las cenizas del recuerdo.
miércoles, 19 de octubre de 2016
Tal vez somos sólo dos ingenuos que juegan a quererse, a encontrar su razón de ser en la existencia del otro. No lo sé. Si tú lo sabes cuéntame, explícame el porqué de este afán loco de juntar mi soledad con la tuya para terminar con el silencio que ahoga los sentimientos, que destruye las ilusiones. No temas. Tú bien sabes que vivir es esto: un mundo sin sentido que llenamos con el eco de nuestras acciones, con el vacío de nuestros olvidos. Si así lo comprendes, si así lo piensas, entonces deja que sigamos viviendo nuestra ingenuidad con inocencia, porque creo que sólo en la desgastada obviedad de las cosas podremos por fin encontrarnos tal y como siempre nos hemos buscado.
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