jueves, 2 de diciembre de 2021

 Derivar en nada, en no más que este dolor que pulula, que intoxica la vida, que brota de la oscuridad. Ser sujeto del tiempo, habitante del olvido. Estar a costa del espacio que existe, a pesar del rencor de quien aún nos recuerda. Y después volver a caminar las calles de antaño, arañar las vertebras de la esperanza malsana que jamás complace. ¿Estaremos algún día determinados a querer volver, a desear coexistir con la nada? Vacuo infinito el que nos espera, áspera realidad la que nos acoge. Y aún así no dejamos el mundo, no saltamos fuera de nosotros mismos ni de los otros. Espacio y tiempo invertebrado el que se arrastra sobre nuestras cabezas, como si fuéramos la tierra sobre la que se sucumbe tras una y mil derrotas, después de haber acariciado la gloria que nunca fue nuestra.