Creo que seguimos tratando de
acercarnos al otro mediante métodos radicales que aún no muestran su efectividad. ¿Cómo hacer, en el mejor de los casos, que alguien más escuche lo
que escuchamos, piense lo que pensamos, sienta lo que sentimos e, inclusive,
llegue a amar lo que tanto amamos? Y si esto es difícil, mucho más problemático
sería pretender hacer que quien no se interesa en nosotros nos ame con loca devoción.
Pero muchos se empeñan, se obstinan en la vana necedad del ignorante que no
acepta las diferencias. Y en aras de su loca estupidez que siga pereciendo la
humanidad, calcinada en el vacuo infierno creado por hombres para los hombres,
y todo debido a la inagotable enajenación de quien piensa ser mejor que el hijo
de la misma madre que lo parió.
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