lunes, 18 de abril de 2016


Escribo para encontrarme a mí mismo. Y en esa búsqueda siempre se crea y se destruye. Escribir es, por lo tanto, una frecuente pesquisa de uno mismo que nos alimenta con cada letra, que nos desangra con cada palabra. 

No hay mejor manera para aprender a historiar que historiando. Con lo anterior queremos decir que la única forma de alcanzar un infinitivo es mediante un gerundio, i.e., que el hacer sólo se logra haciendo.

¿Será cierta la tendencia que noto en mis compatriotas hacia la imposición, cuando como maestro al servicio de un sistema educativo raquítico y superficial debo forzarlos, obligarlos a aprender? ¿Será verdad entonces que el autoaprendizaje ha muerto en las escuelas y que el alumno autodidacta pasó a formar parte de los mitos que alimentan nuestra gloriosa patria?

No puedo concebir a un ser humano huérfano de cultura, aunque a veces sea tan vergonzoso pertenecer a una raza de simios con historia.

Hoy vi algo interesante en el centro de la ciudad donde he vivido los últimos tres años: un par de micos en una jaula y un grupo de humanos estúpidos que reían en torno a ellos. En verdad que este mundo está mal, está al revés, pues deberían ser los seres humanos los enjaulados y los micos los que ríen de nosotros y de nuestra profunda ignorancia. Después de tantos avances, después de tantos supuestos logros, no consigo ver la evolución del hombre por ningún lado.

Mulier: tu es verus thesaurus meus in vita mea, lux aeterna in tenebris infinitae mortis.

No es tan estúpido aquél que lo es y busca dejar de serlo, como aquél que no siéndolo se rodea de los que sí lo son y se comporta como tal.